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Flores

agosto 3, 2010

Creíste caminar por un sendero de flores, pero el tiempo se torno gris. Envuelta en una niebla tupida, los ojos no veían que había más allá de sus pasos. A ciegas decidió proseguir, confiada de su instinto, pues lo único que presentía era la calma del momento. Avanzaba y avanzaba, tarareando canciones en su interior, su cuerpo se iba relajando, parecía que flotaba, daba vueltas y vueltas, sentía el ritmo, continúa, danza, -no es tan difícil, se repetía, no estás sola, hay música, si la hay, es envolvente, sigue, sigue, baila.

El paisaje era siniestro, de sombras, tal vez difuso, todo lo apreciaba borroso. De pronto, el silencio fue demasiado sonoro, aterrador. La música de la cabeza se calló y fueron otras voces las que aparecieron. Susurros de miedos: escucha, no se oye nada, ¿no tienes miedo?, ¿qué ha sido eso?, ha sonado aquí cerca, calla, respira hondo, seria un ratón, pero no veo nada, ¿qué hago aquí?, tan sola, podría sucederme algo, necesito refugio, ¿otra vez ese sonido?, corre, corre tan rápido que vueles, ¡corre!.

Tan pronto como descendió la colina, la niebla se convirtió en lluvia. Sin el pañuelo para cubrirse la cabeza y los hombros, pues no creía que llovería de camino a casa, no pudo más que exponerse a la fría lluvia invernal. Calada hasta los huesos y en un estado de semi  inconsciencia, llego a su pequeño hogar. Allí la esperaban sus padres preocupados y su rollizo hermanito. Rápidamente la despojaron de sus ropas mojadas y la acercaron a la lumbre para que cogiera calor en su menudo cuerpo.

Pero pronto se apoderó de ella la fiebre, toses incesantes, estornudos y el cansancio de haber andado cuatro jornadas sin parar. Su madre le preparó caldos e infusiones calientes para intentar caldearla. Pero algo maligno se había adentrado en ella, y ni con la sopa más hirviente conseguían que entrara en calor. A causa de la fiebre su cuerpo ardía, pero por dentro ella seguía sintiendo el frío penetrante de la niebla y la lluvia.

Su agonía se alargó durante varios días, en los cuales sus padres y su hermanito no quisieron separarse de ella ni un sólo minuto. Incluso su preciosa gata negra permaneció a su lado hasta que el último aliento expiró por sus labios. No temía a la muerte, todavía no había llegado el momento de plantearse ese temor. Era demasiado joven y le faltaban muchas cosas por vivir, pero la fuerza gris decidió llevársela, cual riada a la semilla sin germinar.

.Reina de Hielo.

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2 comentarios

  1. Y ahora es cuando yo pregunto…. pero que ha pasao mi arrrrrrrrrrrma!!!!!????


    • Pasar no ha pasado nada jaja, es una historieta que mezcla muchas de mis inquietudes, conocimientos, miedos y demás vivencias. Se me ocurrió así y decidí redactarlo de ese modo nu se. 🙂
      Muassiss!



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