Desde que tuve el primer contacto con la Historia, estando en 4º o 5º de primaria, me quedó muy clara la profesión a la que me quería dedicar. Siempre me habían resultado interesantes las historietas, cuentos y leyendas que me contaban, por la transmisión de conocimientos que ofrecen, pero quien de verdad despertó mis inquietudes fue una maestra de historia, pues me di cuenta que todo eso que nos contaba, no eran simples invenciones para educar a los niños, sino que ofrecían conocimientos reales, que habían llegado a suceder y que incluso se hallaban plasmadas en documentos. ¡Y todo lo que nos contaba era de hacía ya 500 años! Recuerdo que a mi eso me dejo impactada, pues lo primero que conocí de la Historia fue el Descubrimiento de América por Cristóbal Colón. Que se conociera esa gran azaña de una forma, a mi parecer en aquel momento, tan clara, habiendo sucedido hace tantisimo tiempo me dejó impactada. Ese mismo día llegué a casa contándole a mi madre lo importante que había sido Colón, que por aquel entonces ya existían las brújulas, los catalejos, que eran telescopios muy viejos, y los barcos.
Ese mismo día, la curiosidad me pico tanto que me leí buena parte del libro para ver que más cosas se habían inventado o descubierto. Entonces mi padre me conto que los historiadores para descubrir cosas importantes solían excavar yacimientos, y me contó que en mi pueblo, Aguilafuente, cuando el era pequeño, unos “arqueólogos” habían venido a excavar una villa romana llamada “La Villa de Santa Lucía”, muchísimo más antigua que Colón, ¡¡¡de unos 2000 años!!! Me dijo que preguntara a mis abuelos, que ellos dieron hospedaje a los “arqueólogos” en la posada que tenían, y sabían mucho más de todo lo que sucedió.
Me contaron que sacaron unos pavimentos muy bonitos que se hacían con piedrecitas pequeñas, muchos huesos porque allí había un cementerio (visigodo), collares, monedas, anillos, y mi abuela me insistió mucho en un capitel muy bonito de mármol, que los “arqueólogos” trajeron a su posada. También me dijeron que era unas personas muy inteligentes y que sabían mucho.
Cuando me contaron todo esto, me reafirmé todavía más en la idea de ser historiadora, ahora con un pequeño matiz, quería ser arqueóloga como ellos. Supongo que si no todos, casi todos, hemos soñado alguna vez de pequeños con ser arqueólogos, aunque sea del estilo Indiana Jones o algo así.
Pues bien, a medida que fui creciendo y subiendo de cursos, ya en el instituto, empece a estudiar la Historia de un modo más serio y global. Nos enseñaron que no sólo había Historia reciente de hace 50 o como mucho 100 años, sino que existían hallazgos de casi un millón de años. Eso me hizo darme cuenta de que había muchas cosas que desconocía y que tenía la obligación de conocer, para darle explicación a otras muchas y así poder entender mejor las condiciones en las que habían vivido nuestros antepasados, para que nosotros hallamos llegado hasta aquí.
También tuve momentos en los que odié la Historia profundamente por los pésimos profesores que tuve, pero quizás mi sueño de ser arqueóloga me animó finalmente a elegir la carrera de Historia como estudios profesionales. El primer año de la carrera casi todos los profesores me dejaron deslumbrada, me entusiasmaba ir a clase para escuchar sus teorías y conocimientos, que eran muchísimo más amplios que los de bachillerato, y cada día que pasaba me daba cuenta de que había acertado con mi elección.
Y fue mi profesora de Prehistoria la que con sus clases tan magistrales nos mostró el apasionante mundo de la Prehistoria y la Arqueología. Me fui enterando de que existían excavaciones a las que se podía asistir, y al finalizar el curso de segundo intenté ir a alguna, pero sin éxito. Este año cuando ya pensaba que no podría asistir a ninguna, Diego encontró una y probó suerte a ver si le cogían. La suerte nos brilló y nos cogieron a ambos en la excavación. Cuando llegamos al sitio no me podía creer que fuera a estar hospedada en un lugar tan privilegiado, como es el pueblo de Sant Llorenç de Montgai (Lleida), y en una excavación de las mismas características.
La excavación se encontraba en la Cova Gran, un impresionante abrigo situado en el término municipal de Santa Linya. Hasta el teníamos que acceder en coche por un camino que quitaba la respiración, y que iba bordeando un desfiladero. El primer día llegamos un poco perdidos, pero los encargados de la excavación tuvieron mucha paciencia con los nuevos, y nos enseñaron todo lo que teníamos que saber. Estuvimos unos 20 días, y ha sido una de las mejores experiencias que he vivido, además de que aprendí mucho con la practica de la excavación y el contacto con los materiales.

Cova Gran
Gracias a esta oportunidad que me brindaron, pude hacer realidad mi sueño, con lo que me reafirmo en la idea de que cuando uno persigue algo con entusiasmo y confianza, es muy probable que consiga lograrlo. No importa cuantas personas existan a mi alrededor diciendo que la Historia no sirve para nada y que terminaré barriendo pelos en una peluquería. Pues bueno, al menos seré una peluquera culta.
.Reina de Hielo.